Manuel Aullón, mi amigo y referente

Por Pedro Javier López Soler.


Nunca es fácil despedirse de un amigo, aunque éste tenga 97 años.


Manolo es uno de los últimos representantes de esa generación de españoles que son una muestra de lo que España pudo ser, pero no la dejaron. Adelantado para su tiempo (y, quizás, también para el nuestro), poseía una visión de la vida abierta, respetuosa con lo diferente y siempre curiosa.


No tuvo una vida fácil. Le tocó vivir en aquella España oscura de miedo, hambre y mano dura. Una España que, sin lugar a dudas, no merecía una persona de su talla. Pero él los venció. El odio, la intolerancia y la represión no consiguieron doblar el corazón de este hombre bueno, que nonagenario seguía manteniendo la mirada de aquel niño de 10 años que jugaba en la puerta de la tienda de su padre.


Filósofo, teólogo, músico, historiador, cocinero, cristalero... tuvo muchas facetas. Imposibles de conocer en una sola vida. Ojalá en el mundo hubieran más personas como él, capaces de ver en la más profunda de las oscuridades siempre un ápice de luz. Seguro que a todos nos iría mejor.

Amigo Manolo, hoy he prometido no olvidarte. ¡Qué tontería! Como si eso fuera posible. Prometo, además, mantener vivo tu recuerdo, igual que tú hiciste con aquella generación de soñadores que fue tan duramente castigada por el yugo y las flechas de la dictadura.

Seguiré visitándote. Y cuando llegue aquél día con el que tanto soñaste, que será más pronto que tarde, iré a tu encuentro con una bandera tricolor para celebrarlo juntos. Ésa también será tu victoria.



- Foto de archivo de la entrega a Manuel Aullón Jorquera de un ejemplar del libro que relata la historia de su padre, Ricardo Aullón Paredes.